Atrás quedó la mesa en la que un ponqué esperaba a ser cortado en medio de la celebración. Lo de hoy es desplegar varios minipostres de múltiples colores y sabores, como lo hacían los franceses en el Renacimiento. Por suerte, las parejas que quieran respetar la tradición e incluir estos deliciosos bocados tienen la posibilidad de unir ambas propuestas y endulzarles el día a sus familiares y amigos.

“Desde hace unos años, los minipostres alejaron al ponqué tradicional de la mesa de dulce. Como en los matrimonios se come y se bebe en grandes cantidades, la tajada gigante de ponqué empezó a aburrir a los invitados porque los dejaba muy llenos para el baile”, cuenta Laura Sáenz, pastelera de Panacée Boutique Bakery. “La idea de los minipostres es hacer una mesa mucho más llamativa y engañar al ojo. Al verlos tan pequeños, sientes que no te llenas y que pruebas de todo”.

El primer paso para organizar la estación de postres es hacer una degustación en la que se decide cuáles son los preferidos de los novios, y cuáles pueden gustarles a los asistentes. Las opciones son múltiples: galletas, brownies, cheesecakes, cupcakes, tartaletas, helados, alfajores, chocolates, mousses y macarrones, por nombrar algunos. Es importante saber con antelación si se quiere variedad de sabores o variaciones de un mismo postre, aunque la mayoría se inclina por la primera opción y por un balance entre lo dulce, lo cítrico y lo amargo. Los más frecuentes son la tartaleta de frambuesa, el pie de limón, el pecan pie, la mousse de chocolate y el cheesecake de Oreo.

Lo siguiente es elegir la decoración y el montaje. Si bien algunas novias prefieren que sean repartidos por meseros, lo recomendable es poner la mesa a la entrada en un área fresca, con soportes de diferentes alturas y calculando entre cuatro a seis postres por persona. Como debe evitarse que la mesa se vea muy recargada porque los protagonistas son los postres, es necesario que en la planeación se contemple que los colores combinen con la temática de la boda y que el tipo de presentación no los opaque. Para las bodas en exteriores, los vasos semejantes a los del tequila y los colores vivos son los mejores aliados. Un detalle muy usado es ponerle una etiqueta a cada tipo de postre para que los invitados tengan claro qué están comiendo y puedan escoger, sin lugar a equivocaciones, su favorito.

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